Cristo y la samaritana
El arte del medioevo se centró en Dios y los diferentes temas religiosos y morales de la época. La obra de Duccio interpreta un pasaje de la biblia el cual nos habla del encuentro entre Jesús y una samaritana donde ocurre una charla entre ellos sobre dos diferentes tipos de agua, la samaritana del agua que le quitaría la sed y Jesús del agua que le daría la vida eterna. Muchas veces se entiende en este evangelio que lo importante es el encuentro entre Jesús y la samaritana, porque en aquel tiempo para los Judíos los samaritanos no eran personas con las que ellos compartieran y mucho menos si era una mujer samaritana.
Lo que este pasaje realmente significa es que todo aquel que se acerque a la fuente de agua pura, que es Cristo, recibirá la vida eterna. Al igual que la mujer samaritana, lo primero que debemos hacer es acercarnos a él para comprender el mensaje de Cristo en este pasaje.
Beber esa agua no es más que vivir según las normas de Cristo, esforzándonos siempre por ser un modelo a seguir en nuestro entorno, por ser un ejemplo de buenas personas, haciéndolo todo con amor y caridad todos los días, sin importar lo que tengamos que hacer, viviendo en la creencia de que en nuestra vida debemos estar siempre dispuestos a ayudar y esforzarnos por ser verdaderos testigos de Cristo para los demás, sabiendo cómo actuamos en nuestra vida en la tierra, podemos ganar o perder la vida eterna.
El encuentro de Cristo con la samaritana se relata en la biblia de la siguiente manera:
"Cuando Jesús se enteró de que
había llegado a oídos de los fariseos que él
hacía más discípulos y bautizaba más
que Juan –aunque no era Jesús mismo quien bautizaba,
sino sus discípulos- abandonó Judea y volvió
a Galilea. Tenía que pasar por Samaria.
Llega, pues, a una ciudad de Samaria llama Sicar,
cerca de la heredad que Jacob dio a su hijo José.
Allí estaba el pozo de Jacob. Jesús, como se
había fatigado del camino, estaba sentado junto al pozo.
Era alrededor de la hora sexta. Llega una mujer de Samaria a
sacar agua. Jesús le dice: "Dame de beber". Pues sus
discípulos se habían ido a la ciudad a comprar
comida. Le dice la mujer samaritana: "¿Cómo
tú, siendo judío, me pides de beber a mí,
que soy una mujer samaritana?" (Porque los judíos no se
tratan con los samaritanos). Jesús le respondió:
"Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice:
dame de beber, tú le habrías pedido a él y
él te habría dado agua de vida".
Le dice la mujer: "Señor, no tienes con
qué sacarla, y el pozo es hondo; ¿de dónde,
pues, tienes esa agua viva? ¿Acaso eres tú
más que nuestro padre Jacob, que nos dio el pozo, y de
él bebieron él y sus hijos y sus ganados?".
Jesús le respondió: "Todo el que beba de esta agua,
volverá a tener sed; pero el que beba del agua que yo le
dé se convertirá en él en fuente de agua que
brota para la vida eterna".
Le dice la mujer: "Señor, dame de esa agua
para que no tenga más sed y no tenga que venir aquí
a sacarla". Él le dice: "Vete, llama a tu marido y vuelve
acá". Respondió la mujer: "No tengo marido".
Jesús le dice: "Bien has dicho que no tienes marido,
porque has tenido cinco maridos y el que ahora tienes no es
marido tuyo; en eso has dicho la verdad". Le dice la mujer:
"Señor, veo que eres un profeta. Nuestros padres adoraron
en este monte y vosotros decís que en Jerusalén es
el lugar donde se debe adorar".
Jesús le dice: "Créeme, mujer, que
llega la hora en que, ni en este monte ni en Jerusalén
adoraréis al Padre. Vosotros adoráis lo que no
conocéis; nosotros adoramos lo que conocemos, porque la
salvación viene de los judíos. Pero llega la hora
(ya estamos en ella) en que los adoradores verdaderos
adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque
así quiere el Padre que sean los que le adoren. Dios es
espíritu, y los que le adoran deben orar en
espíritu y verdad". Le dice la mujer: "Sé que va a
venir el Mesías, el llamado Cristo. Cuando venga nos lo
desvelará todo". Jesús le dice: "Yo soy, el que
está hablando contigo".
En esto llegaron sus discípulos y se
sorprendían de que hablara con una mujer. Pero nadie le
dijo: "¿Qué quieres? o ¿Qué hablas
con ella? La mujer, dejando su cántaro, corrió a la
ciudad y dijo a la gente: "Venid a ver a un hombre que me ha
dicho todo lo que he hecho. ¿No será el Cristo?".
Salieron de la ciudad e iban hacia El".



