domingo, 9 de octubre de 2022

 

Cristo y la samaritana

1310 - 1311
Temple y oro sobre tabla. 
43,5 x 46 cm

Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, Madrid

Este pequeño panel forma parte de la predella de Maestá, un altar encargado por Duccio para la Catedral de Siena. Esta gran instalación fue desmembrada hacia 1771, y aunque la mayor parte se conserva en el Museo dell'Opera del Duomo (Siena), otros paneles fueron trasladados a colecciones privadas y museos. Esta escena representa a Cristo sentado junto al camino del pozo de Jacob, y por allí camina la mujer samaritana con un cántaro sobre la cabeza; la comunicación entre ambos se realiza mediante gestos con las manos. A la derecha, un grupo de discípulos observa una escena frente a una arquitectura (la ciudad de Samaria, llamada Suchar) en un intento de dar profundidad espacial a la pintura.


                     
                         Predella de Maestá, altar encargado por Duccio para la Catedral de Siena.





El arte del medioevo se centró en Dios y los diferentes temas religiosos y morales de la época. La obra de Duccio interpreta un pasaje de la biblia el cual nos habla del encuentro entre  Jesús y una samaritana donde ocurre una charla entre ellos sobre dos diferentes tipos de agua, la samaritana  del agua que le quitaría la sed y Jesús del agua que le daría la vida eterna. Muchas veces se entiende en este evangelio que lo importante es el encuentro entre Jesús y la samaritana, porque en aquel tiempo para los Judíos los samaritanos no eran personas con las que ellos compartieran y mucho menos si era una mujer samaritana.

Lo que este pasaje realmente significa es que todo aquel que se acerque a la fuente de agua pura, que es Cristo, recibirá la vida eterna. Al igual que la mujer samaritana, lo primero que debemos hacer es acercarnos a él para comprender el mensaje de Cristo en este pasaje.

Beber esa agua no es más que vivir según las normas de Cristo, esforzándonos siempre por ser un modelo a seguir en nuestro entorno, por ser un ejemplo de buenas personas, haciéndolo todo con amor y caridad todos los días, sin importar lo que tengamos que hacer, viviendo en la creencia de que en nuestra vida debemos estar siempre dispuestos a ayudar y esforzarnos por ser verdaderos testigos de Cristo para los demás, sabiendo cómo actuamos en nuestra vida en la tierra, podemos ganar o perder la vida eterna.



Descripción más precisa a la obra. Video creado por el canal Juan Carlos Mena Ramírez: arte, poesía, historia.




El encuentro de Cristo con la samaritana se relata en la biblia de la siguiente manera:


"Cuando Jesús se enteró de que

había llegado a oídos de los fariseos que él

hacía más discípulos y bautizaba más

que Juan –aunque no era Jesús mismo quien bautizaba,

sino sus discípulos- abandonó Judea y volvió

a Galilea. Tenía que pasar por Samaria.


Llega, pues, a una ciudad de Samaria llama Sicar,

cerca de la heredad que Jacob dio a su hijo José.

Allí estaba el pozo de Jacob. Jesús, como se

había fatigado del camino, estaba sentado junto al pozo.

Era alrededor de la hora sexta. Llega una mujer de Samaria a

sacar agua. Jesús le dice: "Dame de beber". Pues sus

discípulos se habían ido a la ciudad a comprar

comida. Le dice la mujer samaritana: "¿Cómo

tú, siendo judío, me pides de beber a mí,

que soy una mujer samaritana?" (Porque los judíos no se

tratan con los samaritanos). Jesús le respondió:

"Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice:

dame de beber, tú le habrías pedido a él y

él te habría dado agua de vida".


Le dice la mujer: "Señor, no tienes con

qué sacarla, y el pozo es hondo; ¿de dónde,

pues, tienes esa agua viva? ¿Acaso eres tú

más que nuestro padre Jacob, que nos dio el pozo, y de

él bebieron él y sus hijos y sus ganados?".

Jesús le respondió: "Todo el que beba de esta agua,

volverá a tener sed; pero el que beba del agua que yo le

dé se convertirá en él en fuente de agua que

brota para la vida eterna".


Le dice la mujer: "Señor, dame de esa agua

para que no tenga más sed y no tenga que venir aquí

a sacarla". Él le dice: "Vete, llama a tu marido y vuelve

acá". Respondió la mujer: "No tengo marido".

Jesús le dice: "Bien has dicho que no tienes marido,

porque has tenido cinco maridos y el que ahora tienes no es

marido tuyo; en eso has dicho la verdad". Le dice la mujer:

"Señor, veo que eres un profeta. Nuestros padres adoraron

en este monte y vosotros decís que en Jerusalén es

el lugar donde se debe adorar".


Jesús le dice: "Créeme, mujer, que

llega la hora en que, ni en este monte ni en Jerusalén

adoraréis al Padre. Vosotros adoráis lo que no

conocéis; nosotros adoramos lo que conocemos, porque la

salvación viene de los judíos. Pero llega la hora

(ya estamos en ella) en que los adoradores verdaderos

adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque

así quiere el Padre que sean los que le adoren. Dios es

espíritu, y los que le adoran deben orar en

espíritu y verdad". Le dice la mujer: "Sé que va a

venir el Mesías, el llamado Cristo. Cuando venga nos lo

desvelará todo". Jesús le dice: "Yo soy, el que

está hablando contigo".


En esto llegaron sus discípulos y se

sorprendían de que hablara con una mujer. Pero nadie le

dijo: "¿Qué quieres? o ¿Qué hablas

con ella? La mujer, dejando su cántaro, corrió a la

ciudad y dijo a la gente: "Venid a ver a un hombre que me ha

dicho todo lo que he hecho. ¿No será el Cristo?".

Salieron de la ciudad e iban hacia El".



Pozo de Jacob en la actualidad en el que Jesús le pidió de beber a una mujer samaritana.








  Cristo   y   la   samaritana 1310   -   1311 Temple   y   oro   sobre   tabla.   43,5   x   46   cm Museo   Nacional   Thyssen-Bornemisza,...